Los libros del desierto

 aunque sé que casi tanto como una partícula de arena.   Realmente, un libro de arena.

    Para viajar soy de las que prefieren las guías a los libros y si puedo conseguirla en el lugar que visito, mucho mejor. Un pequeño recuerdo que al llegar a casa ubico en un lugar preferencial de la biblioteca, entonces lo veo y escribo antes que se diluyan los recuerdos, se borren las impresiones, y algunas cosas que pienso mientras estoy en movimiento. Así y todo a Chile viajé con dos libros un poco sin convicción de leerlos y otro pensando en el peso específico de cada uno. Es bueno moverse liviana.

 Por un lado, Chile o esa loca geografía, de Benjamín Subercaseaux, escritor que levantó bastante polémica cuando lo publicó: era el primer chileno que iba a hablar de los chilenos haciendo uso de la ciencia, de la filosofía y la metáfora.  
 Por un lado, Chile o esa loca geografía, de Benjamín Subercaseaux, quien levantó bastante polémica cuando lo publicó: era el primer chileno que iba a hablar de los chilenos haciendo uso de la ciencia, de la filosofía y la metáfora.  
   Subercaseaux, redescubre el espacio, la forma y el  tiempo en el "Descubrimiento de Chile" y describe, en seis partes que a la vez son regiones, al país de “las mañanas tranquilas", "el país de la senda interrumpida", "el país de la muralla nevada", "el país de la tierra inquieta"; "el país de los espejos azules" y "el país de la noche crepuscular”, valoración que no en vano hizo prologar a Gabriela Mistral que los contadores de patrias cumplen de veras un acto de amor…el texto de usted está lleno de la rabiosa exigencia que es la del amor en grande...



  De Santiago a Vallenar, de Vallenar a Copiapó, en medio de un desierto de Atacama poco florido pero florecido al fin, voy armando, gracias a Subercaseaux, un rompecabezas con miles de piezas y ninguna es idéntica a la otra.  En algunas veo una faceta del chileno y ninguna se parecerá a la otra. De pronto tengo un mapa, tengo regiones, tengo opuestos complementarios. Todavía no me siento en condiciones de afirmar que tengo algo sólido de este pueblo tan querido, porque el autor hace inevitable la pregunta: ¿cuál es la identidad del chileno?  En el país de la muralla nevada dice: Basta con mirar un mapa, repito, para comprender que debemos ser pescadores, mineros, leñadores, vaqueros, industriales y marinos. Eso debemos ser, y no chacareros ignorantes al servicio de una casta y bajo un cielo caprichoso que destruye las cosechas antes de ser almacenadas. En las otras profesiones se forman hombres libres y musculosos; nuestra agricultura actual crea piltrafas de humanidad hambrienta, sin voluntad ni iniciativa. (151)
  Para el tramo Norte, de Copiapó a Caldera, de Caldera a Chañaral por la ruta 1, bordeando el Oceáno Pacífico hasta Taltal y Antofagasta y desde allí a Calama y San Pedro, en pleno desierto de Atacama viajé con las Memorias del Desierto. Dorfman amalgama geografía, historia, subjetividad y destino a partir de observar y reflexionar sobre su país. El autor confiesa que cuando le hicieron la propuesta de visitar un lugar y escribir sobre la experiencia (“¿cuál es la localidad, región, espacio de la tierra que quiere visitar?”) no dudó en elegir el Norte Grande de Chile, célebre por ser de forma concluyentemente comprobada, el desierto más seco del mundo. Y no lo hizo por razones climáticas sino íntimas, sentimentales, históricas y familiares. Lo más atractivo es que esas claves subjetivas del viaje por encargo, Dorfman las va a ir desplegando a lo largo de los capítulos, reflexionando sobre el trabajo, la geografía, los astros, las estrellas, el desierto y el principio de todo: "el desierto, donde uno intenta domar la distancia, es, como nosotros, polvo de estrellas",  Un largo e íntimo recorrido, tramando vida, viaje y escritura.


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