Bici zen / ciclismo urbano

 El ciclismo es un humanismo
Pedaleo, luego existo... 
Marc Augé



  Imágenes, abstracciones, no palabras; el camino a tomar, el tiempo que va a llevarnos ese viaje, lo que vamos a hacer allí. Andar en bici es, para algunos ciclistas, un camino de desarrollo y crecimiento. No es solo andar en bici, es conectar ¿con qué? con nuestro cuerpo, con el movimiento, el paisaje y el instante en que se vive, conscientes de nuestras sensaciones y pensamientos. Ni hacia atrás, ni hacia adelante. 


Salida

   Sin clara conciencia de esto o aquello, salir la primera vez a andar en bici  es, según algunos ciclistas que se pusieron a pensar y escribir sobre la bici -o mejor: sobre uno y labici- estar motivado por cierta sed de trascendencia y sabiduría que vive y late en todos. 
   En la infancia, aprender a andar en bicicleta es ensayo y error. Tener una bici y no saber andar es la presión perfecta y necesaria para ese primer impulso. Me subo, tengo rueditas; así y todo necesito que mi padre me abrace y me acompañe casi al trote hasta la esquina. Siento el tirón, me tambaleo, me suelta. Voy mirando el suelo tan fijo que no sé si estoy pedaleando o me muevo por el impulso. Me sigue, muy negro y al trote mi perro. Fuera, Serafín, dejame sola. No entiende, quiere ser parte en la hazaña. Sigo, atravieso charcos, pozos, baldosas sueltas, veredas en tan mal estado que las ruedas tiemblan. No caigo. Sigo, ya voy por la tercer esquina: veo a mi padre levantar los brazos desde la última. Sonríe. Al fin llego. Bien Coca ya sabes andar en bicicleta, dice, orgulloso. Yo no lo sabía en ese momento, pero en un par de meses de incesante práctica ando con sólo una de las rueditas de apoyo y más tarde daré vueltas a la manzana sin ellas, escoltada por mis hermanos.  
 En “Bici Zen: El Ciclismo Urbano Como Camino”, el periodista Juan Carlos Kreimer considera al pedalear una limpieza mental:  las ideas, o pensamientos, poco a poco empiezan a desvanecerse y liberan a la conciencia de sus recorridos neuronales habituales. La actividad mental se vuelve un campo por donde circulan ondas despojadas de contenidos, o con contenidos autogenerados desde planos que la conciencia ordinaria no controla. 






  
  Camino


   La escuela zen, en su vertiente China, subraya el carácter innato de lo zen en todos los seres. El zen, práctica y filosofía centrada en la meditación para el despertar espiritual, no se aprende leyendo ni en postura de loto sino practicando cualquier actividad durante mucho tiempo...el tiempo que cada quien necesite para explorar en eso que está ahí ¿Despertar, energía o un plano diferente de conciencia? Cuando necesito alineación y balanceo, salgo en aquella morondanga -señalando una playera media oxidada al fondo de su taller-, cuenta Kreimer de la práctica habitual de su mecánico. 
  En la bici abandonamos el parloteo mental y nos concentramos. La mente se relaja, me olvido de la bicicleta, es una extremidad más. Kreimer dice que meditar no es sentarse con las piernas cruzadas para lograr otro estado mental sino que sentarse "es" ese estado. Del mismo modo, agarrar una bicicleta y andar "es" el estado mental propio de la actividad. 



   Ambas prácticas nos depuran por dentro, son una digestión mental. Lejos del silencio pasivo, se entra en un estado de sutil atención. Siendo, conectamos con nuestro cuerpo inmerso en esa regular coreografía que trasciende el vocabulario. Así como la bici, nos alineamos: nuestro cuerpo y mente parecen combinarse mejor, hay una energía que va y viene, se despejan las interferencias y se abre en nuestra conciencia un contacto menos verbal -intelectual- con quienes somos en lo profundo.  En ese estado, surgen las preguntas simples, sin sentido aparente, que con la práctica continua, pueden sugerir respuestas, deseos, hallazgos, sueños. 
   Otro ciclista empedernido, David Byrne, asegura que la bici se ha convertido, en sus últimos años, en su ventana panorámica: más rápido que un paseo a pie, más lento que un tren, a menudo algo más alto que una persona: la bicicleta. 
  Byrne viaja con su bicicleta y las alquila en el lugar que visita. El músico y escritor es un gran promotor del moverse en dos ruedas, de la toma de conciencia y siempre que puede difunde y alienta el uso de la bici como una alternativa sensata frente a la saturación de calles y avenidas por el tráfico. 
   Un gran desafío, también. Hacer cambios en el tránsito implica voluntad política. Generar infraestructura, marcar rumbos, organizar campañas de educación y seguridad vial. El auge de la bici va abriendo nuevos frentes, dice Kreimer. Por ejemplo, hacer que la convivencia sea posible, favoreciendo la vialidad y seguridad de peatones, ciclistas, motoqueros y automovilistas, alentando desde el estado el sentido de respeto, empatía y compasión. Todos, nos desplacemos como elijamos hacerlo, tenemos la misma esencia: somos igualmente vulnerables. 


Elogio de la bicicleta

   Marc Augé, en su "Elogio de la bici" plantea que el ciclismo es un humanismo: pedaleo, luego existo. Su libro es una reflexión en torno al recuerdo, el mito y la utopía mostrándonos el carácter milagroso del ciclismo, en tanto devuelve a la ciudad su carácter de tierra de aventura o, al menos, de travesía.  "En mi adolescencia, el mito era para mí el tour de Francia y, más concretamente, el ciclista italiano Fausto Coppi, que me fascinaba, porque reunía todos los atributos de un héroe mítico. No obstante, si volvemos nuestra mirada hacia el futuro, el mito se reviste con los colores de la utopía. Nuestra juventud ya no retornará y ¡ay! es muy probable que nunca lleguemos a ver ciudades en las que sólo se circule en bicicleta. Pero tal vez si podamos, colectivamente, acercarnos a ese ideal, así como podemos, individualmente, aproximarnos al pasado apelando a la memoria. En ambos casos se trata de intentar rememorar el mito para desmitificarlo y así - si todo sale bien- hacerlo realidad". La bici forma parte de nosotros y el vínculo es, indefectiblemente, de reconocimiento, que el tiempo no puede destruir sino que afianza y evocando al Aristófanes del Banquete de Platón, Augé afirma que el verdadero ciclista no existe plenamente sino cuando se le restituye la mitad perdida de su ser inicial, es decir, cuando se confunde con su bicicleta en un sólo cuerpo. 

La pregunta

   Cuando aprendemos a andar en bicicleta, un mundo se abre ante nosotros. No sabemos su dimensión, sólo intuimos que ahí está: algo por explorar, tan vasto, tan desconocido. ¿A dónde estamos yendo cuando agarramos la bici? No sé a ustedes, pero a mi la bicicleta me dio la posibilidad de encarar un nuevo recorrido. No fué fácil y no hay un manual de instrucciones. La práctica no difiere de la pregunta y tampoco da respuestas. Como dice Kreimer, hace que cada uno busque las propias, aún sin intención de obtenerlas, sin aferrarse a ninguna. Sólo por buscarlas. Aunque mucho del aprendizaje sobre una bici consiste en salir a toda velocidad de aquellas formas de comprensión de la realidad que han echado raíces y dejar que los descubrimientos que vamos haciendo nos sorprendan con nuevas pasiones. Permitirse ser otro, y desear. Como en el zen, el ciclista es su práctica.



Diarios de bicicleta- David Byrne
Bici Zen- Ciclismo urbano como camino- Juan Carlos Kreimer
Elogio de la bicicleta - Marc Augé

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